jueves, 9 de octubre de 2014

Arranca “Dando el Cante” Esencia del Cante de las Minas


  
La pasada noche del miércoles 8 de octubre tuvo lugar en el Teatro Romea de Murcia el estreno del espectáculo Dando el Cante, que pretende llevar por distintos escenarios de la nación y el extranjero la esencia del Festival Internacional del Cante de las Minas.

Con una entrada de aproximadamente tres cuartos y algo de retraso comenzó el recital con la introducción del periodista Juan Ramón Lucas, que dio paso a una bonita minera sin guitarra en la voz del cantaor Antonio Mejías y el baile de Jesús Carmona, en el que se ve la influencia del bailarín Antonio en sus mudanzas. Cartagenera con toques personales del cordobés Mejías fue el siguiente palo a interpretar con la guitarra del unionense Antonio Muñoz. Tangos en la guitarra de Antonio Muñoz y baile por alegrías dieron salida a la bailaora cordobesa Yolanda Osuna, con cante por romeras y alegrías de Cádiz bien cantadas por Mejías, aunque se notaba que el baile estaba montado con premura, algo que impidió el lucimiento de la bailaora, salvo en el silencio y escobillas.

            Tras una pausa que no entendimos se abrió de nuevo el telón. El guitarrista de Ciudad Real José Tomás interpretó una bonita y virtuosa taranta a la guitarra, con claras influencias del toque de Vicente Amigo, aunque falto de personalidad en la composición. Las seguiriyas se hicieron profundas en la voz de Antonio Mejías, abriendo con el famoso cante de Cagancho y Frasco el Colorao “Reniego yo”, y pasando por un homenaje a Paco de Lucía, con una desafortunada letra. Su voz se tornó algo gritona para nuestro gusto a medida que avanzó el cante, pasando por el famoso cambio de Manuel Torre “De Santiago y Santa Ana” con el que cerró su impactante tanda de seguiriyas. El acompañamiento corrió a cargo de Antonio Muñoz, con un toque moderno y renovado. Siguió el taranto para baile en los zapatos del bailaor barcelonés Jesús Carmona, al cual le faltó algo de elegancia en su interpretación, excesivamente enérgica y con demasiados desplantes. De nuevo salieron a relucir las formas de Antonio el Bailarín en su baile. Brilló en el final por tangos, donde estuvo más acertado, con unos veloces y precisos latiguillos. Bien Mejías en el cante por tarantos, tanto al comenzar como en el bonito cierre final, aunque igualmente algo gritón en la parte de los tangos. Acabó el espectáculo con un baile por bulerías en el que intervinieron todos los músicos y los dos bailaores con un cierre por bulerías Cádiz.

            Una pena el mal sonido general del Teatro. Sobre todo la guitarra de Antonio Muñoz, mal ecualizada, con exceso de graves, igual que el cajón de Antonio Fernández Wyto. Algo debió de influir también el sonido en la voz de Antonio Mejías, que le obligó a forzar en algunos momentos del espectáculo. La escenografía, inexistente, salvo el color rojo y azul proyectado en el fondo del escenario, no sirvió para crear el clima adecuado que requiere todo espectáculo en el que se supone hay una idea o historia que transmitir, como tenía éste. En concreto, esa esencia del Cante de las Minas no quedó clara, ni siquiera con las palabras introductorias de Juan Ramón Lucas, en las que por cierto, se sigue vendiendo el falso origen de estos cantes en los mineros que trabajaron en la zona de La Unión y Cartagena. No entendimos esa pausa tras tan solo veinte minutos de espectáculo que corta la concentración del público, cuando además nada cambió en el escenario, y tampoco nos gustó la presentación de los artistas antes del baile por alegrías, algo que luce más al final del espectáculo. No convenció lo suficiente este montaje escénico que se nota se ha hecho de forma apresurada y necesita de maduración, mayor trabajo escénico y de producción artística si quiere llegar lejos y representar de forma adecuada al Festival Internacional del Cante de las Minas, tal y como se pretende.

Guillermo Castro

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