sábado, 2 de febrero de 2019

Beatriz Rivero, la elegancia en el silencio


Como decía el malagueño Serafín Estébanez Calderón El Solitario al respecto de la importancia de Sevilla en esto del baile […] Sevilla es la depositaria de los universos recuerdos de este género, el taller donde se funden, modifican y recomponen en otros nuevos los bailes antiguos, y la universidad donde se aprenden las gracias inimitables, la sal sin cuento, las dulcísimas actitudes, los vistosos volteos y los quiebros delicados del baile andaluz. Pues eso es lo que nos encontramos el pasado viernes en las tablas de Murcia Flamenca, una bonita lección de baile de escuela sevillana de la mano de Beatriz Rivero y su cuadro flamenco.
Comenzó Marta la Niña cantando por malagueña, la de la Peñaranda, rematada con dos estilos valientes a compás abandolao que sirvieron para calentar el ambiente de nuestra peña, a la que acudió bastante público esta noche. Una bonita introducción por minera en la guitarra de Daniel Mejías sirvió para dar entrada al baile del taranto, fundiéndose en la oscuridad de la sala, mientras Marta le cantaba una cartagenera a Beatriz, quien desgranaba bonitos arabescos en sus brazos. Realizó un taranto personal, muy bien trenzado y plantado, con partes de baile en silencio que fueron una delicia de elegancia y belleza, lo mejor de la noche, rematando con un magnífico final por tangos.


Soleá por bulerías dieron la posibilidad para el lucimiento del cante, donde Marta se mueve bien, con ecos que nos traía recuerdos de Fernanda y Bernarda de Utrera. Por alegrías continuó el baile, con mantón, como manda la escuela. Beatriz supo moverlo con ligereza, y usarlo para adornarse, dar luz y color, recordándonos a las Inmaculadas de Murillo. Realizó el baile completo con maestría, gracia y donaire, demostrando su dominio y dando muestras de que ya es una muy buena bailaora y que lo será aún más -intuimos-, pronto. 
 

Se terminó la gala con una tanda de fandangos y un fin de fiesta por bulerías en el que Marta se dio su pataíta, cerrando Beatriz el cuadro. Se aplaudió largo e intenso, como merecían los artistas.

Guillermo Castro 



domingo, 13 de enero de 2019

Julián Pérez Paéz y el frío negro en Poetas y Flamencos


Conocemos a Julián Pérez Páez desde hace muchos años y hay que admitir que como el buen vino, gana con los años. Hay que reconocerle, al menos ya, un buen reserva, con cuerpo, matices afrutados en las notas agudas, sin pasarse de vainilla, cueros en los graves y buen fuelle en la graduación alcohólica de los medios. Como buen amante del arte, el cantaor murciano sabe adaptar con gusto letras de poetas como Miguel Hernández o Pedro Cobos, algo que le da al cante un aire nuevo, al no escuchar las mismas letras de siempre. A esto sumamos su inquietud por realizar un flamenco más moderno, partiendo de la tradición, donde Enrique Morente es su principal referencia. Vino acompañado de la guitarra de Antonio Ferrándiz “Tomson, quien supo estar a la altura del evento, y no era fácil, dado el amplio y complejo repertorio que pudimos escuchar.
Comenzó por tonás y martinetes, prosiguiendo congranaínas de Chacón. Aún con la voz fría, pero bien templado, abordó uno de los estilos más conocidos del jerezano, enlazando con una adaptación de la danza Nº5 de Granados, como si fuera natural terminar con esta maravillosa pieza del pianista leridano; al pelo. Continuó con un aire de bulerías en tono menor con la famosa letra de Atahualpa Yupanqui, “Los ejes de mi carreta”; gran acierto. La colombiana “Tiro tire”, de uno de los discos más interesantes -¿y cuál no?- de MorenteSacromonte, nos brindó una sonrisa en el primer tercio del recital. 
Malagueña de Chacón, un clásico, el de las “campanas”, que en voz de Julián sonó fresca y se remató con diferentes fandangos con toque abandolao, entre ellos uno desgarrado de Granada para cerrar la tanda. Tientos muy libres en compás le dieron a Julián la oportunidad de recrearse en el cante, con aires chaconianos y de Pastora en los tangos de cierre.




Ausencia, adaptación muy emotiva de un poema Miguel Hernández, sirvió como homenaje a sus amigos, algunos ya desaparecidos, en aire de bulerías y cadencias morentianas. Alegrías con “El rayo que no cesa” de Miguel Hernández, que fueron seguidas por otros estilos clásicos, juguetillos, y remates de aire gaditano con letras de Pedro Cobos. De nuevo Miguel Hernández por bulerías con remate de “cielito lindo” a la manera de La Niña de Los Peines. Cerró por fandangos, en pie, como todo el público que acudió a La Madriguera, el cual aplaudió largo y con fuerza, no era para menos, tras la generosa y maestra muestra flamenca de los dos artistas.
Como premio nos regalaron uno de los temas más bonitos que creara Enrique Morente a partir de textos de Leonard Cohen: “Sacerdotes”, del emblemático disco Omega rematado con “Aunque es de noche” tema igualmente morentiano basado en un poema de San Juan de la Cruz. 
Magnífica, la noche del pasado viernes, en la que el frío negro que rodeaba las tablas de Murcia Flamenca no nos dejó heladosni con escarcha, más bien en el punto de rocío necesario para que el arte desagüe con facilidad en gotas de flamencura de bodega bien curada.  
Guillermo Castro

sábado, 15 de diciembre de 2018

Manuel Luna reinventa la tradición oral



Bien es sabido por los estudiosos del folclore que gran parte del flamenco ha bebido de las fuentes de la música de tradición oral. El musicólogo y folclorista Manuel García Matos ya lo constató en sus estudios, aún desconocidos por muchos, mostrando las fuentes musicales que vinculaban lo popular y lo flamenco. Desde nanas que recuerdan a soleares, hasta cantos de labor que son tonás, y jotas que tornan en alegrías al toque de guitarra por alegre. Por no hablar del amplio árbol de los fandangos y malagueñas.


Otro Manuel, Manuel Luna, también gran experto en el campo del folclore, la antropología, y la vez músico, se encargó el pasado viernes de dar buena muestra de su inquietud por mostrar las cercanías entre estas músicas que se dan la mano con frecuencia. Con un repertorio cuajado de seguidillas parrandas, seguidillas peretas que mezcló con seguiriyas, pardicas y seguidillas castellanas dejó clara la amplitud de este género de canto, música y baile, muy extendido por toda la península. Dentro del género de las tonadas, tuvo tiempo para los cantos de trabajo, en forma de cantos de siega y tonadas norteñas, que son base de tonás y martinetes flamencos cuando se estilizan y aflamencan. La amplia familia de los romances  es otro de los más importantes caudales de músicas que van y vienen de norte a sur, por caminos pastoriles como la ruta de la plata, por donde muchas músicas romancísticas circularon siglos atrás. Hubo tiempo para la jota, el género de música popular más extendido en nuestro país que, en forma de alegría-jota, mostró dos caras de una misma moneda, en la que hubo sitio  incluso para un rap.  Terminaron con un clásico ya de Manuel Luna Desde Totana al Puerto Lumbreras.  Se pidió un bis y fue concedido con la canción La Morita cautiva y otro tema extra.
Hubo mucho aplauso, no fue para menos, ya que fue un concierto entrañable el de Manuel Luna junto a la siempre acertada guitarra de José Antonio Aarnoutse y el buen contrabajo de Pablo Orenes. La noche acabó tarde, ya que nos quedamos unos cuantos, guitarra en mano, continuando la fiesta. Se bailó, se tocó, se cantó y se bebió mucho vino.

Guillermo Castro

sábado, 24 de noviembre de 2018

Jerez añejo

Jerez es actualmente el centro del cante flamenco debido a la amplia nómina de cantaores y guitarristas que están vinculados a esta ciudad flamenca. De allí salieron figuras como Antonio Chacón, La Serneta, El Garrido, Manuel Torres, Juanito Mojama, La Paquera, los Morao, Cepero, Parrilla… Actualmente disfrutamos de una gran cantera de jóvenes artistas, como es el caso de Juan Lara “Niño Juanete”, vinculado a los Moneo, quien pasó este viernes por las tablas de Murcia Flamenca, acompañado de la sonanta del también jerezano Antonio Jero, quien recoge la tradición de Rafael del Águila, gran maestro de la escuela de toque jerezana.
Con un recital de corte clásico y estilos básicos, desgranaron un repertorio cante añejo, de puro sabor a Jerez, comenzando por tientos rematados con tangos, y siguiendo por soleá, con estilos de la Serneta y cante y toque recortado. Se revolvieron las tripas por seguiriyas y se acordaron de Manuel Torres en el taranto, que fue cerrado con cartagenera de Chacón. Larga tanda de fandangos donde brillaron los arabescos en la guitarra y cierre de gala por bulerías que motivo largo aplauso y despedida por bulerías de nuevo.

Guillermo Castro

domingo, 28 de octubre de 2018

Javiera de la Fuente revive a Fernanda Romero


Cada vez más artistas jóvenes recurren a la investigación para realizar nuevas propuestas artísticas. Nada mejor que echar una mirada atrás para tomar impulso e ir hacia delante;  a veces es la única forma de avanzar. La chilena Javiera de la Fuente es una flamenca afincada en Sevilla desde hace casi diez años, a quien su pasión por el flamenco la obligó a cruzar el charco y empaparse del baile en la mejor escuela del mundo. Su interés por la figura de la bailaora Fernanda Romero ha sido el detonante del espectáculo Fernanda Romero y el drama de una realidad sur, presentado con gran éxito en las tablas de Murcia Flamenca el pasado viernes. 
Utilizando un hilo narrativo basado en la vanguardia escénica que unió teatro y flamenco desde los años 60, la bailaora fue explicando y a su vez dramatizando la importancia de Fernanda Romero como bailaora en propuestas escénicas arriesgadas, donde lo ritual y el drama marcaron un antecedente muy importante para proyectos posteriores como “Teatro Estudio Lebrijano” o “La cuadra de Sevilla”. Hoy en día la figura telúrica y desgarradora de Fernanda Romero permanece casi en el olvido, salvo la herencia de su taranto bailado con crótalos, algo que Javiera se encargó de recalcar, señalando la importancia de un legado que debe estudiarse, y al que es difícil acceder, debido a la falta de documentos visuales de sus creaciones teatrales. El estreno de la importante propuesta escénica “La Oración de la Tierra”, creada por Jiménez Romero y el director escénico Francisco Díaz Velázquez, estrenada en el 12 de diciembre de 1972, rompía con las convenciones del género. Escrita en verso libre, utilizaba estructuras paralelísticas propias de los salmos y otras obras de tipo ceremonial. El papel protagonista recaló en Fernanda. Imágenes, colores, sonidos, ritmos, gestos y olores remitían al subconsciente del pueblo andaluz, en un montaje donde la plasticidad de la escenografía, con cirios, braseros y ambiente funerario, dominaba el ambiente. 
Javiera supo trasladarnos a ese rito, recreando la escena que “Oración” planteó en su tiempo, aprovechando a su vez los documentos investigados en forma de recortes de prensa, fotos, reseñas periodísticas y filmaciones sobre esta artista que se iban intercalando entre la narración, el cante flamenco, el toque de la guitarra y, cómo no, el baile flamenco. Porque Javiera baila, y muy bien. Por soleá introdujo su espectáculo y se explayó con soltura más tarde en los tangos, con unos movimientos de cadera que nos quitaron el hipo, soltándose el pelo y pasando más tarde a una dramática seguiriya, negro sobre negro en el vestido. Tuvo tiempo hasta de cantar por peteneras, y también una bella canción chilena de Violeta Parra “ay ay ay…”; aún recordamos el estribillo. Se hizo acompañar del buen cante de Cristina Tovar y el certero toque de Miguel Pérez, que fueron el sostén necesario para llevar a buen término su difícil montaje, en el que a la vez que explicaba, desgranaba su baile y su drama. Lo hizo muy bien, faltándole en ocasiones el aliento. 
Tras la actuación disfrutamos de un entretenido coloquio con los artistas, quienes tuvieron la generosidad de conversar con el público de nuestra peña y responder a las preguntas inquietas de los asistentes. Todo un detalle. 


Guillermo Castro

sábado, 15 de septiembre de 2018

En volandas con Alberto López trío. Un lujo.


Alberto López es ya un guitarrista del mañana; pero hoy. El dominio que muestra de nuestro instrumento llamado guitarra es admirable. Sus 27 años de juventud significan que aún se hará más grande, por lo que auguramos un gran porvenir al guitarrista de Granada, quien también tiene gusto en la composición de sus músicas. Se hizo acompañar de la guitarra del murciano Blas Martínez, conocido y amigo de nuestra peña, quien también muestra un importante progreso artístico desde que se instaló en Sevilla. A la percusión estuvo Lito Mánez, bien plantado y con mucho gusto en su papel.
Comenzó Alberto con dos solos de guitarra, una granaína, donde es notoria la estética de Vicente Amigo, una de sus influencias más claras, y una soleá, que sirvieron para aplacar los nervios del comienzo y entrar con más empaque en la zambra, donde en tono de rondeña, se sumó el resto de la formación. Los tanguillos trajeron aires salineros y brillantes falsetas, con veloces alzapúas y enérgicos trémolos de pulgar. 
Uno de los estilos que es piedra de toque de cualquier guitarrista que se precie son las bulerías. Alberto López las tiene bajo control. Domina el compás de forma envidiable: contratiempos, resoluciones anticipadas, silencios… todo lo que se pueda hacer él lo hace. Sigue en este palo las bases sentadas por Paco de Lucía, otra de sus influencias claras (y quién no suena a Paco…). Sabe usar las dinámicas con gusto y además toca limpio, muy limpio y con energía, por lo que la intensidad no decae. La Taranta nos trae los aires de la tierra, toque en el que Alberto se aleja de la forma tradicional de los toques de levante, adentrándose en una composición bastante libre y moderna, dentro de las formas heredadas del cordobés Vicente Amigo. Un brillante trémolo y un final acompasado dieron muestra del buen gusto de Alberto en esta composición. Tientos, o más bien casi tangos lentos, en tono de granaína, explotaron nuevas tonalidades en este toque poco cultivado en la guitarra solista. Fue una de las interpretaciones más interesantes y bellas de la noche. 
Las Alegrías en tono de La, plenas de virtuosismo flamenco, gustaron a rabiar. El juego de contratiempos, glisandos y camaradería entre los músicos sirvieron para contagiar al público de un estilo flamenco lleno de optimismo, con bonitas modulaciones y complicadas escalas y alzapúas. La interpretación de Zyriab, en homenaje a Paco de Lucía, fue como si pudiéramos sentir al maestro de Algeciras. Alberto le tiene tomada la medida a la forma de tocar de Paco, haciendo suyo este ya clásico tema flamenco. Terminó la gala por Tangos, toque que se hizo en una tonalidad poco habitual para este estilo (Do#), sacando el máximo partido armónico que puede ofrecer una guitarra moderna como la de Alberto López.
Un lujo el concierto de anoche. Realmente gozamos de la guitarra flamenca, en un recital que es poco habitual en las peñas, y que debiera programarse más. Comenzamos nuestra nueva programación en volandas, con uno de los mejores conciertos que hemos tenido en nuestra historia flamenca.  

Guillermo Castro

sábado, 14 de julio de 2018