sábado, 1 de marzo de 2014

Otra vez Sevilla


De nuevo el baile sevillano visita Murcia Flamenca en una noche, la del pasado viernes, en la que el silencio se hizo partícipe de la emoción del baile flamenco de Marta Balparda.

Comenzó José Antonio Mazo “Gori” a la guitarra; valiente, el sólo en el escenario, con un zapateado que arrancó los primeros aplausos del respetable e introdujo al público en lo que estaba por venir: un cante por seguiriyas seguido de su baile. Marta, de negro, acorde al espíritu de la seguiriya nos transmite la pena, el dolor, la muerte transformada en baile flamenco. Su baile es majestuoso, elegante y enérgico. Sus vueltas hicieron volar varios adornos que sujetaban su pelo por tres veces, y los olés se escucharon con frecuencia durante toda su interpretación.


El canté por soléa de Rocío López “La Boterita” cambió la tristeza por la melancolía, con estilos grandes de soleá de Triana de difícil ejecución y amplio registro que superó con solvencia y muy buen gusto. La guitarra de Gori le dio el complemento necesario para la buena ejecución del cante, y entre los dos nos llevaron al baile por alegrías que hacía aparición.


Con chaquetilla roja y pantalón blanco se pasea Marta acalorada en el paseíllo que de nuevo la lleva a escena. Se da aire y nos lo da a nosotros. Tiene su baile por alegrías mucha gracia y picardía, juega contigo, se ríe y te provoca. Sus movimientos de cadera te hacen cómplice de su baile e incita a moverte, a hacer compás, a hacer pitos. Marta tiene muy buen gusto bailando y también incorpora guiños modernos en sus mudanzas. Sin duda no solo le va el baile de escuela, sino que lo enriquece con nuevas ideas que en el flamenco ya es frecuente ver en muchos artistas de baile. Su taconeo es preciso; intenso. Sus giros bien medidos y sus manos como de porcelana. La mirada siempre fija, y la cara, expresión del sentimiento que lleva por dentro.

Cierra Marta el espectáculo con el consabido cierre por fiesta, sin micros, al cual se suma Conchi Murcia, que pasaba por allí (como otras personas importantes del mundo flamenco de Sevilla que esa noche se dejaron ver), con dos pataítas de raza que fueron botón de lo que estaría por venir.


El público pidió más, se nos hizo corto, como siempre.

Guillermo Castro

 








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